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7 de septiembre

DOMINGO XXIII T. O.

SURCO 234

Pediste al Señor que te dejara sufrir un poco por Él. Pero luego, cuando llega el padecimiento en forma tan humana, tan normal -dificultades y problemas familiares..., o esas mil pequeñeces de la vida ordinaria-, te cuesta trabajo ver a Cristo detrás de eso. -Abre con docilidad tus manos a esos clavos..., y tu dolor se convertirá en gozo.