
SURCO 441Para que aprendas. -A aquel noble varón, docto y recio, le hice notar en una ocasión memorable cómo, por defender una causa santa que los "buenos" impugnaban, se jugaban -iban a perderlo- un alto puesto en su mundo. -Con voz llena de gravedad humana y sobrenatural, que despreciaba los honores de la tierra, me contestó: "me juego el alma". |