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12 de septiembre

DOMINGO XXIV DEL T.O.

SURCO 968

Los hombres mediocres, mediocres en cabeza y en espíritu cristiano, cuando se alzan en autoridad, se rodean de necios: su vanidad les persuade, falsamente, de que así nunca perderán el dominio.
Los discretos, en cambio, se rodean de doctos -que añadan al saber la limpieza de vida-, y los transforman en hombres de gobierno. No les engaña su humildad, pues -al engrandecer a los demás- se engrandecen ellos.