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Lectura espiritual

EL OPUS DEI Y LA MORTIFICACIÓN CORPORAL: SOBRE EL CILICIO Y LAS DISCIPLINAS

EL OPUS DEI Y LA MORTIFICACIÓN CORPORAL:
SOBRE EL CILICIO Y LAS DISCIPLINAS
Opus Dei. Una investigación
Vittorio Messori

¿Los miembros del Opus Dei usan el cilicio?
Algunos miembros célibes del Opus Dei usan el cilicio. Se trata de una pequeña cadena de metal ligero, con puntas, que se lleva alrededor del muslo. El cilicio es incómodo –si no lo fuera, no tendría razón de ser–, pero de ningún modo entorpece las normales actividades de una persona, ni mucho menos conlleva derramamiento de sangre.

¿Y sobre las disciplinas?
Lo mismo que del cilicio. Las usan algunos miembros célibes, generalmente una vez a la semana, durante un minuto o dos. Y no producen sangre, ni perjuicio para la salud, sino sólo una breve molestia. Lejos de lo que puede dar a entender la flagelación a dos manos del monje enajenado de El Código Da Vinci, las disciplinas reales son de algodón trenzado y pesan menos de cincuenta gramos. Cuando los miembros o los antiguos miembros del Opus Dei ven la película, no pueden evitar la risa al asistir a los ritos del monje: es de locos.

¿Ha inventado el Opus Dei el cilicio y las disciplinas?
De ninguna manera. El cilicio y las disciplinas, igual que el ayuno y otras penitencias corporales, existen desde hace muchos siglos en la Iglesia Católica. Muchos de los santos más conocidos y estimados, como san Francisco de Asís, san Ignacio de Loyola y santa Teresita de Lisieux, los han usado. En el siglo XX también los han utilizado figuras como san Pío de Pietrelcina, Santa Teresa de Calcuta y el Papa San Pablo VI. Algunas penitencias corporales como el ayuno y la abstinencia de la carne siguen siendo de precepto para todos los fieles católicos en determinados días de Cuaresma.

¿Por qué se hacen estas mortificaciones?
La penitencia y la mortificación son una parte pequeña pero esencial de la vida cristiana. Jesucristo ayunó durante cuarenta días en preparación de su ministerio público. La mortificación nos ayuda a resistir nuestra tendencia natural a la comodidad personal, que tantas veces nos impide responder a la llamada cristiana a amar a Dios y a servir al prójimo por amor de Dios. Además, esas molestias voluntariamente aceptadas unen al cristiano con Jesucristo y con los sufrimientos que él voluntariamente aceptó para redimirnos del pecado. El monje masoquista de El Código Da Vinci, que quiere el dolor en sí mismo, no tiene nada que ver con la mortificación cristiana.

¿Qué importancia tiene la mortificación para los miembros del Opus Dei?
A pesar de la morbosa atención de El Código Da Vinci a la mortificación, el papel que ésta juega en la vida de los miembros del Opus Dei es muy secundario. Lo primero, para cualquier católico, es amar a Dios y al prójimo. En coherencia con su propósito de integrar la fe y la vida secular, el Opus Dei enfatiza los pequeños sacrificios, más que los grandes: seguir trabajando cuando uno está cansado, ser puntual, prescindir de algo que a uno le gusta en la comida o en la bebida, no quejarse, etc.