
PARA MÍ, VIVIR ES CRISTO (3 de 5)
Dejarnos tocar por el Amor de Dios
Lucas Buch
San Pablo describía así la raíz de la vida cristiana: «Con Cristo estoy crucificado: vivo, pero ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Y la vida que vivo ahora en la carne la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gal 2,19-20). Para el Apóstol, el cristianismo consiste en primer lugar en que Cristo ha muerto por nosotros, ha resucitado y, desde el Cielo, ha enviado a nuestros corazones su Espíritu Santo, que nos transforma y nos abre los ojos a una vida nueva. «Quien ha sido tocado por el amor empieza a intuir lo que sería propiamente “vida”. Empieza a intuir qué quiere decir la palabra esperanza». Como a la samaritana, María Magdalena, Nicodemo, Dimas, los discípulos de Emaús, Jesús nos da un modo nuevo de mirar: de mirarnos a nosotros mismos, a los demás, a Dios. Y solo desde esta nueva mirada que nos da, cobran sentido el esfuerzo por mejorar y la lucha por imitarle: tomados por sí mismos, serían «empeño vano» (Qo 2,11).
Al morir en la Cruz «por nosotros los hombres y por nuestra salvación», Cristo nos liberó de una vida de relación con Dios centrada en preceptos y límites negativos, y nos liberó para una vida hecha de Amor: «os habéis revestido del hombre nuevo, que se renueva para lograr un conocimiento pleno según la imagen de su creador» (Col 3,10). Se trata, pues, de conocer el Amor de Dios y de dejarse tocar por Él, para retomar —desde esa experiencia— el camino de la santidad. Encontrar a Dios y dejarnos transformar por Él es lo esencial. El Prelado del Opus Dei lo ha recordado, poco después de su elección:
«¿Cuáles son las prioridades que el Señor nos presenta en este momento histórico del mundo, de la Iglesia y de la Obra? La respuesta es clara: en primer lugar, cuidar con delicadeza de enamorados nuestra unión con Dios, partiendo de la contemplación de Jesucristo, rostro de la Misericordia del Padre. El programa de san Josemaría será siempre válido: “Que busques a Cristo: Que encuentres a Cristo: Que ames a Cristo”». La unión con Dios nos permite vivir la Vida que Él nos ofrece. Buscar el rostro de Cristo, y dejarnos mirar por Él es un camino espléndido para ahondar en esa vida de Amor.