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Detalles espiritual

PERMANECERA HASTA EL FIN DE LOS TIEMPOS

Hablar con Dios
Francisco Fernández de Carvajal

Los ataques a la Iglesia nos llevarán a amarla más, a desagraviar

II. La indefectibilidad de la Iglesia significa que ésta tiene carácter imperecedero, es decir, que durará hasta el fin del mundo, e igualmente que no sufrirá ningún cambio sustancial en su doctrina, en su constitución o en su culto.

El Concilio Vaticano I dice de la Iglesia que posee «una estabilidad invicta», y que, «edificada sobre una roca, subsistirá firme hasta el fin de los tiempos».

La razón de la permanencia de la Iglesia está en su íntima unión a Cristo, que es su Cabeza y Señor. Después de subir a los cielos envió a los suyos el Espíritu Santo para que les enseñase toda la verdad, y cuando les encargó predicar el Evangelio a todas las gentes, les aseguró que Él estaría siempre con ellos todos los días hasta el fin del mundo.

La Iglesia da muestras de su fortaleza resistiendo, inconmovible, todos los embates de las persecuciones y de las herejías. El Señor mismo mira por ella, «ya sea iluminando y fortificando a la jerarquía para que cumpla fiel y fructuosamente su cargo, ya sea -en circunstancias muy graves sobre todo- suscitando en el seno de la Madre Iglesia, hombres y mujeres insignes por su santidad, a fin de que sirvan de ejemplo a los demás cristianos para acrecentamiento de su Cuerpo místico. Añádase a esto que Cristo desde el cielo mira siempre con particular afecto a su Esposa inmaculada, que sufre en el desierto de este mundo, y, cuando la ve en peligro, por sí mismo o por sus ángeles o por Aquella que invocamos como auxilio de los cristianos y por otros abogados celestiales, la libra de las oleadas de la tempestad y, una vez calmado y apaciguado el mar, la consuela con aquella paz que sobrepuja todo entendimiento (Flp 4, 7)». La fe nos atestigua que esta firmeza en su constitución y en su doctrina durará siempre, hasta que Él venga.

«En ciertos ambientes, sobre todo en los de la esfera intelectual, se aprecia y se palpa como una consigna de sectas, servida a veces hasta por católicos, que -con cínica perseverancia- mantiene y propaga la calumnia, para echar sombras sobre la Iglesia, o sobre personas y entidades, contra toda verdad y toda lógica.

»Reza a diario, con fe: "ut inimicos Sanctae Ecclesiae -enemigos, porque así se proclaman ellos- humiliare digneris, te rogamus audi nos!”. Confunde, Señor, a los que te persiguen, con la claridad de tu luz, que estamos decididos a propagar».

Los ataques a la Iglesia, los malos ejemplos, los escándalos nos llevarán a amarla más, a pedir por esas personas y a desagraviar. Permanezcamos siempre en comunión con Ella, fieles a su doctrina, unidos a sus sacramentos, dóciles a la jerarquía.