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Detalles espiritual

AMOR Y VENERACION AL SACERDOCIO

Hablar con Dios
Francisco Fernández de Carvajal

Dispensador de los tesoros divinos. Dignidad del sacerdote

II. Jesús elige a los Apóstoles como representantes personales suyos, no sólo mensajeros, profetas y testigos.

Esta nueva identidad -actuar in persona Christi- se ha de manifestar en una vida sencilla y austera, santa; debe mostrarse en una entrega sin límites a los demás. El Evangelio de la Misa nos relata que Jesús los envió dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más: ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja…

Dios toma posesión del que ha llamado al sacerdocio, lo consagra para el servicio de los demás hombres, sus hermanos, y le confiere una nueva personalidad. Y este hombre elegido y consagrado al servicio de Dios y de los demás, no lo es sólo en determinadas ocasiones, por ejemplo, cuando está realizando una función sagrada, sino que «lo es siempre, en todos los momentos, lo mismo al ejercer el oficio más alto y sublime como en el acto más vulgar y humilde de la vida cotidiana. Exactamente lo mismo que un cristiano no puede dejar a un lado su carácter de hombre nuevo, recibido en el Bautismo, para actuar "como si fuese" un simple hombre, tampoco el sacerdote puede hacer abstracción de su carácter sacerdotal para comportarse "como si" no fuera sacerdote. Cualquier cosa que haga, cualquier actitud que tome, quiéralo o no, será siempre la acción y la actitud de un sacerdote, porque él lo es siempre, a todas horas y hasta la raíz de su ser, haga lo que haga y piense lo que pensare».

El sacerdote es un enviado de Dios al mundo para que le hable de su salvación, y es constituido administrador de los tesoros de Dios: el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que dispensa en la Misa y en la Comunión; y la gracia de Dios de los sacramentos, la palabra divina, mediante la predicación, la catequesis, los consejos de la Confesión. Al sacerdote le es confiada «la más divina de las obras divinas», como es la salvación de las almas; ha sido constituido embajador y mediador entre Dios y el hombre.

«Saboreo la dignidad de la finura humana y sobrenatural de estos hermanos míos, esparcidos por toda la tierra. Ya ahora es de justicia que se vean rodeados por la amistad, la ayuda y el cariño de muchos cristianos. Y cuando llegue el momento de presentarse ante Dios, Jesucristo irá a su encuentro, para glorificar eternamente a quienes, en el tiempo, actuaron en su nombre y en su Persona, derramando con generosidad la gracia de la que eran administradores».

Meditemos hoy junto al Señor cómo es nuestra oración por los sacerdotes, con qué finura los tratamos, cómo les agradecemos que hayan querido corresponder a la llamada del Señor, cómo les ayudamos para que sean fieles y santos. Pidamos hoy «a Dios Nuestro Señor que nos dé a todos los sacerdotes la gracia de realizar santamente las cosas santas, de reflejar, también en nuestra vida, las maravillas de las grandezas del Señor».